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Cordoba

Pocas ciudades representan mejor la época musulmana que duró casi 800 años en la Península Ibérica que Córdoba, en su tiempo la residencia de los califas de al Ándalus. En el corazón de la ciudad se encuentra una mezquita, rodeada por un muro como si fuera una fortaleza, con un patio interior lleno de naranjos y una fuente que servía a los musulmanes para sus abluciones antes de las oraciones. La arquitectura de la inmensa sala de oraciones recuerda un palmeral oriental por sus más de 800 columnas.

La mezquita de Córdoba es verdaderamente un trozo de oriente en occidente. Los comerciantes de hoy no llevan turbante, sin embargo, el gran número de tiendas de souvenir alrededor de la mezquita crea una especie de ambiente de zoco. Detrás, la judería y la morería invitan a perderse por su laberinto de callejones, donde las casas enjalbegadas con sus patios llenos de macetas trasladan al visitante a otro tiempo. Cada año a finales del mes de mayo se adornan y se arreglan los patios especialmente y se abren a los visitantes.

La antigua ciudad palaciega de los califas -Medinat al-Zahra- ante las puertas de Córdoba fue en su tiempo una de las residencias imperiales más fastuosas del mundo. Allí vivían la familia del califa y aproximadamente 20.000 sirvientes. Desde 1910 los arqueólogos están trabajando en la reconstrucción de los restos de este inmenso campo de ruinas.

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